Atención y eficiencia: ¿Cómo la tecnología reduce filas sin deshumanizar?

Ian dos Anjos Cunha analiza cómo la tecnología puede reducir filas y aumentar la eficiencia sin perder la atención humana y personalizada.
Elina Morozova
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Como señala el fundador Ian Cunha, la atención y la eficiencia en la salud pública no son objetivos opuestos. El desafío es reducir filas y desperdicios sin transformar el cuidado en un proceso frío, basado únicamente en números. La tecnología puede ayudar a organizar flujos, priorizar riesgos y mejorar la comunicación con el ciudadano, siempre que se utilice para eliminar fricciones del sistema y no para alejar a las personas del cuidado.

La fila no es solo demora. La fila es señal de desorganización del flujo, limitación de la oferta, fallas de información y falta de coordinación entre los niveles de atención. En muchos casos, existe capacidad en el sistema, pero está mal distribuida o mal activada. La tecnología entra exactamente ahí: ayudar a visualizar la demanda, ordenar prioridades y disminuir retrabajos. Si quieres entender cómo esto puede funcionar con coherencia, continúa la lectura.

¿Dónde la tecnología mejora la atención y la eficiencia de forma concreta?

Como comenta el CEO Ian Cunha, la tecnología mejora la atención cuando reduce etapas innecesarias. Una programación más inteligente, la confirmación de citas y los recordatorios de retorno disminuyen las ausencias y reabren cupos sin depender de procesos manuales. Además, los sistemas que organizan las derivaciones y el historial del paciente reducen la repetición de triajes y exámenes, ahorrando tiempo tanto al profesional como al ciudadano.

En este contenido, Ian dos Anjos Cunha muestra cómo la innovación tecnológica optimiza el servicio al cliente manteniendo la cercanía y la empatía.
En este contenido, Ian dos Anjos Cunha muestra cómo la innovación tecnológica optimiza el servicio al cliente manteniendo la cercanía y la empatía.

También hay impacto en la recepción y el triaje. Las herramientas digitales pueden recopilar información básica antes de la atención, permitiendo que el tiempo presencial se use para lo que realmente importa: escucha, evaluación y orientación. De este modo, atención y eficiencia avanzan juntas, porque el cuidado gana más foco y el sistema pierde menos tiempo en burocracia.

El riesgo de cambiar la presencia por el automatismo

La tecnología reduce filas cuando organiza el sistema. Deshumaniza cuando intenta sustituir la relación. Este límite es decisivo. Si la digitalización crea barreras para quienes tienen baja conectividad o poca familiaridad con aplicaciones, la fila cambia de lugar: sale de la puerta y va al acceso. Del mismo modo, si el proceso se convierte solo en un triaje automático, la persona puede sentirse invisible, tratada como un número.

Como expone el superintendente general Ian Cunha, el cuidado necesita preservar espacios de escucha y acogida. Atención y eficiencia no significan “menos humano”; significan “humano mejor aprovechado”. La tecnología debe quitarle al profesional lo que es repetitivo y permitirle concentrarse en lo que exige sensibilidad y juicio.

Atención y eficiencia dependen de datos y de integración

Sin integración de la información, los sistemas digitales se convierten en islas. El ciudadano repite su historia en cada unidad, los exámenes se rehacen y la derivación se demora porque nadie tiene una visión integral. Así, la tecnología solo reduce filas de manera consistente cuando hay continuidad del cuidado: historia clínica accesible, protocolos de referencia y contrarreferencia y comunicación entre la atención primaria y los servicios especializados.

Además, los datos confiables ayudan a planificar la oferta. Para el CEO Ian Cunha, cuando la gestión identifica patrones de demanda y estacionalidad, puede ajustar turnos, reforzar equipos y reducir cuellos de botella. En última instancia, la atención y la eficiencia mejoran cuando el sistema aprende de su propio funcionamiento.

La transparencia y la confianza como parte de la eficiencia

La eficiencia sin confianza no se sostiene. Si el ciudadano no entiende por qué fue priorizado o por qué fue derivado a determinado servicio, el proceso se convierte en una fuente de conflicto. La transparencia, por lo tanto, es parte de la tecnología bien aplicada. Una explicación clara de flujos, plazos y canales de soporte reduce la ansiedad y mejora la adhesión.

También es necesario cuidar la privacidad. Los datos de salud son sensibles y requieren protección. Cuando la gobernanza es débil, la confianza cae, y la confianza es una variable que define el uso del sistema. La tecnología que genera miedo no reduce filas; solo empuja a las personas fuera del cuidado.

Reducir filas sin perder humanidad

Como sintetiza el CEO Ian Cunha, la atención y la eficiencia avanzan juntas cuando la tecnología se utiliza para organizar flujos, reducir la burocracia y mejorar la continuidad del cuidado, preservando el espacio humano donde es indispensable. El objetivo no es automatizar la relación, sino eliminar obstáculos para que el cuidado ocurra con mayor calidad.

Cuando se aplica correctamente, la tecnología no deshumaniza. Devuelve tiempo al profesional y dignidad al paciente, porque reduce esperas innecesarias y aumenta la previsibilidad. Y la previsibilidad, en la salud pública, es una forma concreta de respeto.

Autor: Elina Morozova

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