El pasivo ambiental que crece a lo largo de las carreteras y ferrocarriles brasileños

Diego Rodríguez
6 Min de lecura
Marcello José Abbud

Marcello José Abbud, director de Ecodust Ambiental, señala que, cuando se debate la gestión de los residuos sólidos en Brasil, la atención suele centrarse casi exclusivamente en los residuos domiciliarios y urbanos. Sin embargo, existe una categoría de residuos de enorme volumen y complejidad que permanece sistemáticamente al margen del debate público: los residuos generados por las grandes obras de infraestructura, como carreteras, ferrocarriles, centrales hidroeléctricas, líneas de transmisión y obras portuarias.

La magnitud de estos proyectos implica la generación de enormes volúmenes de residuos que, cuando no se gestionan adecuadamente, crean pasivos ambientales de larga duración con impactos sobre los ecosistemas, los recursos hídricos y las comunidades locales. En este artículo exploramos la dimensión de este problema y las herramientas disponibles para enfrentarlo antes de que sus consecuencias se agraven.

La composición y el volumen de los residuos de infraestructura

Las grandes obras de infraestructura generan residuos de composición extremadamente diversa. Suelos y rocas excavados, hormigón, asfalto, metales, madera utilizada en encofrados y apuntalamientos, aceites lubricantes, grasas, pinturas, disolventes, restos de materiales impermeabilizantes y envases de insumos conforman un conjunto de fracciones con características físicas y químicas muy diferentes, cada una de las cuales requiere rutas específicas de tratamiento y disposición final. El volumen total generado en una obra de gran magnitud puede superar decenas de millones de toneladas, convirtiendo la gestión de residuos en un componente logístico y ambiental de primer orden en estos proyectos.

Según explica Marcello José Abbud, la fracción correspondiente a los suelos y rocas excavados, conocida como material de desmonte, representa el mayor volumen en términos absolutos y con frecuencia se deposita en vertederos irregulares ubicados en laderas, márgenes de ríos o terrenos baldíos, generando riesgos de deslizamientos, sedimentación de cursos de agua y eliminación de vegetación nativa. La falta de áreas legalmente autorizadas y adecuadamente preparadas para recibir este material en cantidades suficientes constituye uno de los principales cuellos de botella de los grandes proyectos de infraestructura en Brasil.

Los residuos peligrosos y sus impactos específicos

Además de los residuos inertes generados en grandes volúmenes, las obras de infraestructura producen fracciones peligrosas que requieren una atención específica y rutas de disposición estrictamente controladas. Los aceites lubricantes utilizados en maquinaria pesada, las grasas, los disolventes de limpieza, las pinturas anticorrosivas, los residuos de impermeabilización y los efluentes del hormigón con pH elevado son ejemplos de materiales que, cuando se eliminan de forma inadecuada en las inmediaciones de las obras, contaminan el suelo y los recursos hídricos con efectos que persisten mucho más allá del período de construcción.

Marcello José Abbud
Marcello José Abbud

En opinión de Marcello José Abbud, el monitoreo ambiental de los residuos peligrosos en las obras de infraestructura suele ser insuficiente, especialmente en frentes de trabajo remotos y de difícil acceso para las autoridades responsables de la fiscalización ambiental. Esto se debe a que la distancia respecto de los centros urbanos y la presión por cumplir los cronogramas crean condiciones que favorecen la disposición irregular de residuos, haciendo indispensable exigir planes detallados de gestión de residuos sólidos como requisito para el otorgamiento de licencias ambientales en todos los grandes proyectos de infraestructura.

Regulación, planes de gestión y buenas prácticas del sector

La legislación brasileña exige la elaboración de Planes de Gestión de Residuos Sólidos como condición para el licenciamiento ambiental de proyectos con impacto ambiental significativo. Sin embargo, la calidad de estos planes y su cumplimiento efectivo durante la ejecución de las obras varían considerablemente entre proyectos y regiones. Las empresas con mayor madurez ambiental adoptan prácticas que van más allá del cumplimiento mínimo exigido por la ley, como la separación rigurosa de los residuos desde su origen, la reutilización de materiales excavados como relleno en otros frentes de la misma obra y la trazabilidad completa de los residuos peligrosos hasta su disposición final.

Marcello José Abbud concluye que fortalecer los requisitos de trazabilidad y reporte de residuos en las obras de infraestructura, combinado con una mayor capacidad de fiscalización por parte de las autoridades ambientales, constituye el camino más directo para reducir el pasivo ambiental que estos proyectos siguen generando en Brasil. Paralelamente, incorporar los costos de una gestión adecuada de los residuos en los presupuestos de las obras desde la fase de diseño representa la medida más concreta para que las buenas prácticas dejen de ser una excepción y se conviertan en el estándar del sector.

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